Lavado broncoalveolar ¿qué información nos proporciona?

El lavado broncoalveolar es una técnica que se usa frecuentemente en medicina veterinaria por la información tan útil que proporciona, aunque es importante tener en cuenta una serie de consideraciones a la hora de realizarlo ya que es una técnica moderadamente invasiva para el animal.
Llevar a cabo un lavado broncoalveolar es útil porque proporciona información sobre las vías respiratorias inferiores, de manera que se pueda llegar a un diagnóstico definitivo en aquellos animales en los que la tos no remite pese a emplear un tratamiento empírico. Está indicado llevar a cabo el lavado cuando el animal presenta tos crónica y la auscultación y radiografías (en varias proyecciones) así como otras pruebas diagnósticas no nos proporciona ninguna información útil de cara a un diagnóstico. Por ello, indagar es fundamental para poder instaurar un tratamiento definitivo.
La técnica consiste en introducir suero salino fisiológico vía traqueobronquial, realizar un lavado y a continuación aspirar ese fluido. De esta manera se podrá a continuación llevar a cabo un cultivo y posterior antibiograma con el fin de aislar el microorganismo causante del cuadro clínico, o, por el contrario, descartar una infección bacteriana, así como realizar un examen citológico de la muestra. De este modo podremos obtener información directa de las vías bajas y en función de ello establecer el tratamiento. Es muy importante tener en cuenta que la cantidad de suero a introducir debe estar milimétricamente calculada ya que, aunque el animal debe estar sometido a anestesia general y correctamente monitorizado, la función pulmonar no se debe ver alterada. Asimismo, está indicado introducir unos 20ml en perros medianos – grandes y 10ml en perros pequeños, repartido en 4 alícuotas. Para gatos, es suficiente con introducir 3-5mg/kg en 2-3 alícuotas. No obstante, debemos saber que en la aspiración del líquido solamente recuperaremos ¾ partes del introducido, por lo que la cantidad a introducir es clave.
En conclusión, se trata de una técnica bastante aceptada en medicina veterinaria que proporciona información muy valiosa de cara a un diagnóstico etiológico. La monitorización y oxigenación del paciente tanto antes como después del procedimiento es obligatoria y llevar a cabo un correcto análisis de la muestra, con la máxima esterilidad posible para evitar contaminaciones, son puntos clave a la hora de realizar este procedimiento.
