Inmunidad y vacunación: conceptos y diferencias

La vacunación juega un papel muy importante en el control de las enfermedades infecciosas, tanto a nivel individual como en poblaciones animales. Además, determinadas enfermedades tienen la importancia añadida de ser potencialmente zoonósicas. Asimismo, los protocolos de vacunación deben adaptarse a cada animal y el propietario debe ser asesorado por el veterinario sobre los diferentes calendarios de vacunación, el cuál diferirá en función de si el animal vive expuesto a uno o más agentes, el estado de salud, el estilo de vida y los riesgos relativos a su vacunación.
Existen dos métodos básicos por los que cualquier animal puede ser inmunizado frente a una enfermedad infecciosa: la inmunización pasiva y la inmunización activa.
La inmunización pasiva es la protección instantánea, pero a corto plazo, que se desarrolla mediante la administración subcutánea de anticuerpos en forma de suero inmune o inmunoglobulinas. Se prefiere la inmunoglobulina homóloga porque la proteína extraña puede provocar una respuesta de hipersensibilidad y, además, es preferible usar el suero de animales que se han recuperado de la infección o que han sido hiperinmunizados mediante vacunaciones repetidas puesto que poseen títulos de anticuerpos más altos. Aun así, su uso debe limitarse a situaciones que realmente lo requieran, ya que su administración inhibe o disminuye la respuesta inmunológica del propio individuo, no siendo una buena elección a largo plazo.
La inmunización activa, por el contrario, implica la administración del antígeno a un animal de manera que éste responda desarrollando una respuesta inmune; la inmunización activa es pues sinónimo de vacunación. La exposición al patógeno ocasionará una respuesta inmune secundaria más eficaz. La principal desventaja es que la protección no se adquiere inmediatamente, pero una vez establecida, durará más tiempo y puede ser estimulada de nuevo.
Entre las propiedades de una vacuna ideal se encuentran: ser económica, contar con lotes homogéneos, ser estable (sin requerimiento de condiciones de almacenamiento específicas), tener posibilidad de almacenamiento de larga duración, provocar una adecuada respuesta inmune, contar con los equipos inmunodominantes del patógeno, provocar una duración larga de la inmunidad y no presentar efectos adversos.
Por ello, entre los beneficios de la vacunación obtendremos reducir la incidencia de una enfermedad grave causada por organismo patógenos en poblaciones en las que la vacunación generalizada se ha llevado a cabo.
BIBLIOGRAFÍA
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