Quitridiomicosis como causa de extinción en anfibios

Quitridiomicosis como causa de extinción en anfibios

 

La quitridiomicosis es una enfermedad causada por un grupo de hongos, los quitridios, cuyas especies viven exclusivamente en el agua o ambientes húmedos.

En la década de los 90 se describió una especie en concreto que parasita animales vertebrados e infecta la piel de todos los órdenes de anfibios (existiendo variabilidad en la susceptibilidad), llamada Batrachochytrium dendrobatidis.

En el 2010 Batrachochytrium salamandrivorans, que parece estar restringido a salamandras y tritones, aparece en Europa, reduciendo las poblaciones de salamandras en distintos países.

Los primeros casos descritos fueron en América Central y Australia, aunque se cree que su origen fue en el Este de Asia. Hoy día los encontraremos en todas aquellas zonas en las que existan anfibios.

Batrachochytrium sp. ha provocado mortalidades masivas y la extinción de especies a nivel global (se ha asociado con la extinción de, al menos, 90 especies de anfibios y con el declive de cientos de ellas).

En muchas regiones la quitridiomicosis se ha vuelto endémica, con brotes de enfermedad estacionales. Los efectos poblacionales post-epidémicos no han sido siempre los mismos, describiéndose situaciones tales como:
1. Estabilización de la población: en menor abundancia y distribuciones más pequeñas
2. Disminución de la población: algunas poblaciones siguen disminuyendo, con una mortalidad anual significativa por esta enfermedad, incluso décadas después.
3. Recuperación de la población: los mecanismos de tolerancia y resistencia todavía se están estudiando.
4. Ausencia de asociación a ninguna enfermedad/mortalidad

Es un hongo que se alimenta de las capas superficiales de queratina de la piel (queratinofílico), por lo que veremos diferentes sintomatologías según las etapas del animal infectado:
– Renacuajos: solo las piezas bucales (disco oral) están queratinizadas y son susceptibles a la infección, dejando ver una despigmentación o falta de continuidad.
– Metamorfosis: la piel queratiniza y la infección fúngica puede extenderse.

En general las lesiones macroscópicas que veremos serán lesiones cutáneas y posibles infecciones secundarias bacterianas y fúngicas (con presencia de úlceras y petequias). A medida que avanza la infección, la piel se vuelve más gruesa (hiperplasia) y se desprende.

Presentan, además, una serie de signos inespecíficos como: anorexia, letargo, muda excesiva de la piel, enrojecimiento de la piel o decoloración (sobre todo en la zona ventral, alrededor de la cloaca y zona proximal de las extremidades posteriores), posturas anormales y convulsiones.

Es probable que sus comportamientos no sean los naturales, como especies nocturnas que aumenten su actividad diurna.

La regulación osmótica se ve cada vez más comprometida y los niveles de electrolitos descienden y provoca la muerte por paro cardíaco.

Podemos diagnosticar esta enfermedad mediante PCRq, histología e IHQ y citológicamente (observación directa al microscopio).

Microscópicamente se observa acantosis, hiperplasia e hiperqueratosis epidérmica, con miríadas de talos del hongo aislados o agrupados (no forman hifas) dentro de las células del estrato córneo (monocéntricos o policéntricos). Los infiltrados de células inflamatorias suelen ser escasos (a menos que existan infecciones secundarias bacterianas o micóticas).

Será de vital importancia, para controlar la expansión de esta enfermedad de declaración obligatoria, el estricto control del comercio de especies, sus movimientos e introducciones en el medio y el mantenimiento de una estricta cuarentena de los nuevos animales.